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Curiosamente
la idea de éste artículo surgió durante una cena;
y más curioso todavía resulta cómo nuestros sentidos
nos transportan en el tiempo y espacio para recrear sabores y texturas,
ambientes y detalles que hicieron la velada inolvidable.
Espero
esta nueva propuesta sea de su interés y agrado; apreciaría
sus comentarios sobre los lugares mencionados, u otros que quisieran compartir
o recomendar, para continuar ampliando este relato.
Empezaré
con Coquus, lugar sobrio pero elegante, ubicado en el sector de
la Floresta (Quito); siempre es agradable conversar con el chef,
quien describe con pasión los diferentes platillos, lo que no logra
sino despertar nuestra imaginación, que no se ve defraudada, ni
por un instante, en la degustación; la carta es más bien
internacional, muy cuidada; en aquella ocasión probé el
conejo, indescriptiblemente delicioso, acompañado con risotto,
estuvieron, simplemente, espectaculares; las carrilleras también
resultaron excepcionales.
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Debo admitir
que no soy muy amante de la comida condimentada, y cuando visité
Lemongrass (Isabel La Católica y Coruña, Quito)
tenía la impresión que me encontraría con un
menú oriental salpicado de sabores picantes; nada más
alejado de la verdad: Admirable decoración ecléctica,
carta ingeniosa, preparación suprema; recuerdo que probé
el salmón con puré de raíz de apio y espárragos,
acompañados por, definitivamente, el mejor tinto que he probado
hasta ahora: Un Jacobs creek, de Australia. Estoy ansioso
por volver, y probar sus interesantes cocteles también. |
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Tenía
curiosidad por conocer El Ventanal (Sector San Juan, Quito),
más que nada, lo admito, por su ubicación, y la preciosísima
vista que ofrece del Centro histórico capitalino;
y no es para menos, pues éste moderno restaurante, de minimalista
decoración, brinda una panorámica que se disfruta
prácticamente desde cualquier punto en su interior; supremamente
recomendable el plato llamado Mar y Tierra, que consiste
en lomo fino con salsa de pimienta negra y langostinos.
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Si hablamos
de experiencias un poco más recientes a las antes mencionadas,
tuve oportunidad de volver a visitar la ciudad de Cuenca, y
me recomendaron que cenara en el Restaurant Casa Alonso de
la Mansión Alcázar, no sólo por lo imponente
de la Mansión en sí, o porque uno se siente transportado
tan solo entrar, sino por su cordial atención y finísima
mesa; sólo puedo decir que es el más espectacular salmón
al horno con zuquini que he probado, tan bueno en verdad que de
inmediato me hizo recordar aquel que probé en el Altitude
95 en la Torre Eiffel (así de bueno),
aunque aquel que probé, hace relativamente poco tiempo también,
en La Boca del Lobo, de Quito - otro lugar que me encanta
- es supremamente recomendable también. |
En
aquella ocasión en Casa Alonso me animé, además,
a probar un postre llamado "Studio de chocolate", simplemente
el mejor postre de chocolate que he probado... hasta que conocí
El Quetzal de Mindo y sus deliciosos los brownies (leer
más abajo sobre ésta referencia).
Hace
poco también tuve oportunidad de visitar, brevemente, la ciudad
de Manta, y conocer el restaurante del Hotel-Boutique Nazo,
que me encantó por su concepto, atención, detalles, y deliciosos
platillos de estilo asiático. El salmón gratinado
estuvo muy agradable, el atún Tataki, simplemente soberbio,
con un toque de salsa de soya y ajonjolí, y qué mejor si
se lo acompaña con un buen vino de la casa; los pescados
son importados, lo que se nota en su delicado y muy especial sabor y textura.
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Ahora
hablemos de algo un tanto más ligero.
Sabía que la vista desde el balcón del Café
del Cielo en Luna Runtún (Baños) era fabulosa,
y, honestamente, también resultaron serlo sus sándwiches
y cafés.
¿El mejor chocolate caliente? Aquel en el antiguo
Hospital Militar en San Juan (Quito), hoy Centro de Arte
Contemporáneo, aunque, de nuevo, el de La Boca del
Lobo (La Mariscal, Quito) no se queda atrás.
En cuanto a pastas, definitivamente me quedo con Al forno
pizzería, por lo artesanal y natural de su masa y preparación,
así como por la variedad de combinaciones -y generosísimas
porciones.
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Recientemente
tuve oportunidad de visitar la Hacienda Rumiloma (Quito),
ubicada cerca de la ciudad y en medio del bosque y del mismísimo
volcán que domina la urbe capitalina, lo que permite una vista
impresionante y, a la vez, disfrutar de unos momentos de solaz en
un ambiente rústico y lleno de detalles antiguos y, por supuesto,
buena comida; en ésta ocasión probamos los postres,
entre los que quisiera destacar el Cheesecake de frutos rojos y
queso crema y el Semifreddo de Baileys, realmente
buenos, que acompañamos con un Canelazo de la casa,
bien preparado, como para abrigarse alegremente con Baco y
compañía, si el lector comprende a lo que me refiero. |
Finalmente fui a visitar el merecidamente galardonado local de
Tantra restaurant * en el Riocentro Entreríos de Guayaquil,
y tan sólo ingresar quedé gratamente sorprendido por su
moderna y colorida decoración, por el buen gusto de su mesa, y
eficiente atención; el platillo que me trajo hasta allí,
el Yantra de lomo, resultó ser toda una experiencia, simplemente
exquisito, delicado, jugoso, como para repetírselo sin remordimientos;
la interesante gama del menú invitan, además, a volver y
probar cosas nuevas.
*
Desafortunadamente éste restaurant ya no está funcionando;
una verdadera lástima, me habría gustado probar más
de su oferta.
El
Quetzal de Mindo se ha convertido en uno de mis lugares preferidos
cada vez que voy al bosque nublado, a casi un par de horas de la
capital; es pequeño, pero muy acogedor, y con un sublime aroma
a café recién molido, que ahí mismo cosechan;
se encuentra a poca distancia del parque central del referido poblado,
lo que le da cierta intimidad.
Aquí también elaboran su propio chocolate, y preparan, a
mi parecer, los mejores brownies que haya probado.
La trucha, los camarones, la chuleta, el pollo, acompañados todos
con puré de papas y ensalada de verduras, son simplemente espectaculares,
no sólo por su exquisito sabor, sino porque los vegetales, el café
y el chocolate son cultivados de manera orgánica, haciendo la comida
más saludable y deliciosa.
Cuando
me sugirieron visitar Romolo e Remo (Av. República e
Irlanda), me llamó la atención que quienes ahí
laboran también contribuyeran proporcionando asistencia a niños
en un hospital al sur de Quito, y que, de hecho, el mobiliario empleado
en el equipamiento del restaurante, también fuera el resultado
de otro de los proyectos con los que este grupo de voluntarios Italianos
colabora arduamente. Degusté un excelente penne all' arrabbiata
(pasta fresca picada, tomate, perejil y chili picante), y un delicioso
tiramisú, excepcionales a decir verdad, como excepcionalmente
nada costosos resultaron también los costos de la carta.
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La
Boca del Lobo (Quito) tuvo la acertada idea de abrir
un nuevo local denominado Lobo Sapiens, con prácticamente
el mismo estilo en un ambiente que combina elementos de clásica
elegancia, luz natural gracias a amplísimos ventanales,
y un inmejorable jardín interior vertical.
En cuanto al servicio y menú, muy pulido, y la oferta es
casi la misma de La Boca; el Salmón Ishpingo
(canela picante del oriente ecuatoriano, con un toque de vino
blanco), es UNA DELICIA (así, con mayúsculas),
más aún si se la acompaña con un vino hervido
de la casa; por otra parte, las Yuquitas kínder con
sorpresa, continúan siendo insuperables, ¡y
altamente adictivas!
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El
Mediterráneo en la capital. Así podría
definir la propuesta de Sophia restaurante (Quito),
especializado en cocina Griega. Atendiendo la amable invitación
que me hiciera Verónica, y con gran curiosidad de
probar sabores diferentes, me animé a visitar este
sobrio establecimiento.
Tuve
oportunidad de departir con Nicholas, su propietario, quien
con mucha amabilidad y diligencia atendió nuestras inquietudes.
De entrada probamos los patés de la casa, el de berenjena
y el de queso picante me parecieron particularmente excepcionales.
Por acertada sugerencia de Nicholas, también probé
el pulpo al carbón con aceite de oliva y orégano,
increíble la verdad.
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Nos
animamos a probar el cerdo relleno y el pargo en salsa de vino
blanco; como dije, quería probar sabores diferentes, y eso
fue precisamente lo que encontré; tanto la presentación,
las porciones y la preparación en sí me parecieron acertadas,
el sabor es muy peculiar, muy cuidado, muy sano, eso es definitivo; todo
ello, seguido por una amena plática, de cierta manera me acercó
más a las raíces y cultura Griegas.
El
soufflé de chocolate estuvo ESPECTACULAR (así,
con todas las letras); una muy grata sorpresa resultó, también,
el postre de nuez con helado.
Por
si fuera poco, Georgios nos sorprendió con su inusitada
habilidad para interpretar el café (que, dicho sea de
paso, resultó excepcional). Para cerrar la noche, nos animamos
a un shot de Mastika...
En
definitiva, Sophia restaurante es una experiencia para los sentidos.
Entre
mis pendientes quedan, entre otros, Tiestos (en Cuenca),
por la cordialidad de su chef y cuidado e ingeniosa combinación
en la preparación de platos típicos con un toque
muy especial. De igual manera, me encantaría visitar, en la ciudad
capital, Chez Jérôme, para probar el Ossobuco de
cordero, que promete ser muy bueno también.
Como
mencioné al inicio, sus sugerencias son bienvenidas al siguiente
correo
dinnerout@travelplusecuador.com
¡Buen
provecho!
Revisión:
May. 3 /2012.
Prohibida su reproducción total o parcial.
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