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Llegamos a la pintoresca población de Mindo, donde nos recibió
innumerables puestos de tours diarios a los alrededores... Después
de consultar el mapa y demás datos en el Centro de Información,
rentamos una camioneta para llegar a la entrada del Mindo Garden,
desde donde empieza el sendero que nos llevaría -tras una
caminata de unos 45 minutos- a través de la montaña, para
apreciar, al otro lado y luego de un pronunciado descenso, el nacimiento
de una de las siete cascadas de la Reserva, la de Nambillo.
Dicho
sendero resultó poco menos que mágico, a la vez que de mediano
impacto por lo accidentado y húmedo del terreno; el bosque se mostraba
sereno y vibrante a la vez, mientras los cantos de aves que cruzaban sus
copas acusaban nuestra intromisión a su espacio. Resultaba espectacular
dejarse llevar por aquellos sonidos, sensaciones y parajes; parecía
extenderse hasta más allá de lo que nuestros ojos veían...
Estábamos a medio camino cuando el sendero nos condujo a una intersección
de caminos, donde se encontraba una señora que ofrecía bebidas
a los viajeros; tenía un caballo cerca, y no faltó quien,
agotado por la travesía, preguntara reiteradamente si lo alquilaba...
Después de refrescarnos un poco, continuamos, ahora descendiendo;
el sonido del agua y la asentada humedad denotaban nuestra cercanía
al río; una quebrada más adelante y ahí estaba,
atravesada por un puente colgante; unos minutos más de camino,
y habíamos llegado al puesto de control: "dos minutos más
abajo y está el río, siga nomás; ahí hay una
resbaladera desde donde puede aventarse al río sin temor".
Y así fue. Niños, jóvenes, familias enteras disfrutaban
del agua. Sabía que, si quería, podía continuar unos
40 minutos más para ver la segunda de las cascadas, y luego de
ella, perderme en el bosque con las siguientes y sus maravillas. Pero
también me habían advertido que los buses de retorno salen
llenos, y que era mejor y más prudente volver pronto, almorzar
algo ligero, y emprender el regreso a la Capital.
Como buen bosque
nublado que es, no podía faltar una ligera pero constante llovizna
que nos acompañó durante todo el camino, como si nos
pidiera que nos quedásemos más tiempo; al llegar al
camino por donde nos había dejado la camioneta, optamos por
seguir caminando, mientras las mariposas nos saludaban con
sus alitas, y el río murmuraba, rápido y espumoso. La
lluvia empezó a hacerse algo más fuerte, ocasión
ideal para una variedad de los insectos, mientras las aves se refugiaban
en sus escondrijos. Llegamos al pueblo con el tiempo justo para tomar
algo ligero y embarcarnos en el bus. |
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Estaba
ligeramente mojado, algo cansado, las botas empapadas, pero contento,
inmensamente feliz por la experiencia que acababa de tener. Por supuesto,
quedé con ganas de visitar los Salones de las Orquídeas
y de las Mariposas, que están en el mismo pueblo, pero que
por falta de tiempo no alcancé a conocer. Tampoco pude visitar
alguna de las Hosterías y Miradores de Aves de los alrededores,
lugares excelentes para pasar una noche tranquila. Pero incluso me alegré
de aquello, pues así tendría la oportunidad de regresar,
muy pronto, para seguir apreciando el Bosque Nublado, cuya vista
parecía el cuadro de un artista que, descuidado, había dejado
en blanco la mitad de su obra: la montaña, el bosque y el cielo,
fusionados, pero divididos por una amplia franja de neblina, sonidos y
silencios...
Tour de 3 días/
2 noches a San Miguel de los Bancos
Volcán
Guagua Pichincha: escalada deportiva libre en las paredes
de roca.
"Entre pétalos
e historia": Hacienda La Compañía, simplemente
única.
Hotel
Torino: Resort de buceo, adrenalina
y aventura en Tonsupa, Esmeraldas.
"Ecuador, tierra
de volcanes": cabalgata en los alrededores del Rumiñahui.
Reserva
Bellavista: un paraíso de orquídeas,
colibríes y naturaleza.
Camino a los Lagos:
visitando San Pablo del Lago.
Viaje al
fin del mundo: de El Cajas a Sígsig.
En el Cotopaxi, casi sin aliento:
una experiencia inolvidable en éste imponente volcán nevado.
Bosque Nublado de Mindo: una de
las más grandes reservas de aves de Ecuador.
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