 |
|
Camino a los Lagos:
visitando
San Pablo del Lago.
A medida que
el bus avanzaba y nos alejábamos de la ciudad, el paisaje
deleitaba con un fantástico cielo despejado, amplísimos
campos de cultivo, animales pastando, sonrientes y trabajadores
jornaleros, daba la impresión que todo se iluminara...
El bus hizo una parada rápida en una estación de combustible,
por aquellos que deseaban usar los servicios higiénicos con
urgencia... Al poco tiempo retomamos la marcha.
Llegamos a lo que parecía ser un valle (por lo cálido),
por lo que supuse que estaba cerca, y, ansioso, bajé, rogando
por haber acertado... En ese momento recordé la vez que conocí
Puerto Hondo; en aquella ocasión tampoco sabía
dónde debía bajarme, y me pasé, con algunos
kilómetros... Ésta vez casi ocurre igual, pues, alejándome
del carretero, empecé a caminar en dirección a Cotacachi,
pensando que estaba "ahí nomás" (cerca)...
Nuevamente, por las dudas, me acerqué a un señor de
edad avanzada que pasaba por el carretero, muy despacio, guiando
un pollino cargado con leña; le pregunté si conocía
Pinsaquí... Girando, señaló una hacienda,
a pocos metros de donde me encontraba; después de todo, ésta
vez no me había alejado demasiado...
|
|
 |
|
El administrador de la finca se ofreció a mostrarnos las instalaciones:
Edificio con evidentes rasgos coloniales y clásicos, el
aroma y crujir a madera en sus habitaciones, daban a todo el entorno una
acogedora sensación de calidez que invitaba a quedarse. En sus
amplísimos jardines interiores, pastaban algunos preciosos
ejemplares de mansos y amigables caballos. Me recosté en
el césped, mirando al sol del mediodía, mientras las pocas
nubes se deslizaban perezosas... Tal vez por eso caí en un ligero
letargo, absorto por todo lo que había visto hasta entonces. Al
poco rato sentí que algo se aproximaba... Como quien no quiere
la cosa, entreabrí los ojos... era un caballo, que, curioso, se
había acercado...
Ganas no me faltaron para hacer una excursión por los alrededores
de la vecina montaña Imbabura, pero ello habría requerido
de algunas horas más, y apenas había empezado mi recorrido...
|
Volví
a salir al carretero, a esperar que pasara un bus que me acercara
a alguna de las Cabañas / Hosterías del Lago San
Pablo; al poco rato estaba en camino; pensaba, precisamente,
en Las Cabañas del Lago, pero el bus que tomé
me llevó a Puerto Lago... el bus me dejó casi
en la puerta, sólo tuve que caminar unos pocos metros, y,
ahí estaba, al pie de una de las muchas lagunas de la región.
El frío empezó a arreciar, el cielo empezó
a tornarse oscuro, pero ello no impidió que disfrutara de
aquel paisaje, del silencio y la paz del lugar, que era justamente
el motivo inicial por el que fui a ése lugar.
Me regocijé con el paisaje, y pensé que no echaba
para nada de menos el ajetreo y el ruido de la ciudad...
Entré al restaurante de la hostería a tiempo, pues
empezó a llover torrencialmente, al punto que pensé
que debía pasar la noche ahí, cosa que me habría
encantado.
|
|
Mientras
esperaba que la tormenta pasaba, aproveché para almorzar (aunque
ya era entrada la tarde)... no hay nada como una buena comida típica
calientita, humeante, con su respectivo canelazo... Afuera, seguía
lloviendo. Llovía tan fuerte, que parecía que, en cualquier
momento, los rayos atravesarían el techo; las gotas dibujaban fugases
alfilerazos en la superficie de la laguna; la neblina se asentaba, dándole
a todo el panorama un aspecto a ratos tenebroso, que no dejaba de impresionarme...
Finalmente, la lluvia cesó. El olor a humedad inundaba el orbe;
por todos lados, los colores parecían tomar vida, poco a poco,
mientras el cielo volvía a despejarse, y nuevamente podían
verse las montañas aledañas.
Retomé
la marcha... y me topé con las consecuencias del aguacero que acababa
de caer: El camino estaba espesamente enlodado; se me ocurrió que
la mejor manera de evitar embarrarme era caminar por el centro del sendero...
mala elección, a los pocos pasos quedé prácticamente
atrapado, con los pies hundidos en el lodo, sin poderlos sacar; los lugareños,
que achicaban el agua que había entrado a sus casas, asomaban,
curiosos, sus cabezas, al ver la escena, mientras me daba un ataque de
risa, que correspondieron; a cada paso me hundía más, de
hecho en un tramo una de las botas quedó estancada... menuda manera
de hacerme uno con la tierra, ¿no? Finalmente logré salir,
y llegué donde un bus que estaba por partir, mismo que me dejó
por el carretero... Una vez ahí, y después de haber recuperado
en algo el aliento, empecé a caminar hacia una estación
de servicio. La noche empezaba a caer, y el frío, a calar. Nos
cedieron una manguera para lavar las botas... Mientras estaba en ésa
tarea, la redondez de la brillante luna llamó mi atención;
hoy, cuando recuerdo ésa luna en particular, me viene a la mente
cuando, tiempo después, mientras iba en canoa por un río
en la selva de nuestro país, confundí la luna... con Venus...
y Marte... ésa noche era tan despejada, que podían
distinguirse constelaciones enteras a simple vista... mis ojos no daban
crédito a lo que veía... la siguiente ocasión que
pude ver un cielo así fue cerca del Chimborazo, en lo que
fue una estación de tren, donde pasé un interesante fin
de semana; por ello, cuando la luna me sorprende en todo su esplendor,
la miro, esperando me regale ese prodigio, una vez más...
Estaba absorto en mis pensamientos de lo vivido ése día,
por lo que casi se me pasa un bus que podía llevarme de vuelta
a la capital. Me quedé justo donde empecé ésa mañana.
Mientras caminaba de regreso al hostal, reía para mis adentros...
me sentía feliz...
Restaurantes de Ecuador:
Más que una guía, apreciaciones y recomendaciones de
lugares únicos para visitar, degustar y compartir en Quito, Cuenca,
Manta, Guayaquil Artículo
nuevo
Explorando la laguna
de Sucus: En busca del oso de anteojos Artículo
nuevo
Volcán
Guagua Pichincha: escalada deportiva libre en las paredes
de roca.
"Entre pétalos
e historia": Hacienda La Compañía, simplemente
única.
"Ecuador, tierra
de volcanes": cabalgata en los alrededores del Rumiñahui.
Reserva
Bellavista: un paraíso de orquídeas,
colibríes y naturaleza.
Camino a los Lagos:
visitando San Pablo del Lago.
Viaje al
fin del mundo: de El Cajas a Sígsig.
En el Cotopaxi, casi sin aliento:
una experiencia inolvidable en éste imponente volcán nevado.
Bosque Nublado de Mindo: una de
las más grandes reservas de aves de Ecuador.
|
 |