Ecuador es,
en efecto, una "Tierra de volcanes", tanto por esos prominentes
accidentes geográficos, como por la calidez de su gente, su empuje,
sus colores...
El trayecto no dejaba
de ser interesante... inmensos terrenos agrícolas, una hilera de
obedientes vaquitas alimentándose de cebada, la caprichosa neblina
que se empeñaba en ocultar los picos lejanos... el recuerdo que
ésos mismos montes albos, cada tanto, se "desperezan",
brindándonos un verdadero espectáculo, la manifestación
misma de la naturaleza que nos cobija ...
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Saliendo de
la población de Machachi, y de la carretera principal,
ingresamos a las "entrañas de los Andes",
intrincados senderos, unos de tierra, otros empedrados, irregulares
todos; unas pocas haciendas, viejísimas, pero hermosas, vastas...
perezosos "dragorugas" (tractores) procuraban mantener
el terreno nivelado, o empezando faenas del arado, mientras los
"caras-caras" revolaban, esperando que algún
gusanillo asomara la cabeza... un sendero de eucaliptos y cedros...
Después de una hora 45 minutos, aproximadamente, de bajar
y subir, pasamos de 2800 (en Quito) a 3600 metros sobre el
nivel del mar (en la hacienda El Porvenir, en las faldas
del volcán nevado Rumiñahui, de 4712 metros...).
Una felicidad
que no puedo describir me invadió, el aroma inconfundible
del campo, fundido con el gélido suspiro del viento, nos
daban la bienvenida... poco después caí en cuenta
que aquel "aroma" tan especial era guano, hierva... Enseguida,
un "efusivo" recibimiento de una pareja de mansos gran
daneses..."
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"El Porvenir"
es una hacienda con una extensión de increíbles 5000 hectáreas;
después de pasar a la estancia, me convidaron a conocer las instalaciones...
el calor del hogar invitaba a cobijarse cerca de las generosas brasas...
un riquísimo canelazo (con un toquecito de "punta",
o trago puro), acompañado de unas calientitas y deliciosas mini-empanaditas
con queso, disponían al cuerpo para lo que fuera.
La villa está construida a la usanza de la región, con gruesas
paredes de adobe y madera, techo de paja, y un sinnúmero
de detalles típicos, rústicos, el crujir de las tablas...
todo ello me encantó, al punto que me prometí volver algún
día a pasar la noche... Fue curioso notar que las habitaciones
están nombradas como algunos de los animales propios del páramo
(pumas, venados, aves...), nomenclatura que va seguida de
la palabra "machay", que significa "refugio"...
Luego, los establos: graciosas vaquitas, el cuarto de las monturas, el
área de ordeño (se realiza dos veces al día, a la
manera antigua -es decir, manualmente-, y se puede participar...).
Para el paseo a caballo, me ofrecieron un "zamarro" de
piel de oveja, y un grueso y abrigado "poncho", con lo
que parecía un "chagra" (campesino); de hecho,
ésa es la idea, hacer que el visitante experimente la vida en la
montaña de una forma natural... Me asignaron a "Rocinante"
(como el del Quijote... irónico destino!), simpático y tranquilo
caballo "criollo" adulto, de firme pisada...
Empezamos el ascenso siguiendo un sendero, pasamos por los cultivos, la
zona donde cada año se realiza el conteo del ganado (evento que
implica mucho trabajo, pero que también es un atractivo para quienes
gustan de apreciar la habilidad y destreza del "chagra",
pues también suelen realizarse rodeos, corridas, en las que generalmente
participa toda la comunidad...).
Unos minutos después, llegamos a una zona donde podíamos
galopar... debo admitir que sentí cierto recelo de arrear a "Rocinante",
sólo lo "guiaba" y dejé que él fuera a
su ritmo, aunque a ratos el guía lo arengaba, y éste salía
"disparado", obsequiándome así la dicha de sentir
la libertad...
Metros más adelante, encontramos toros; otros caballos, imponentes,
gallardos, "saludaban" moviendo la cabeza y sacudiendo sus mechones...
mientras los gran daneses continuaban correteando...
Llegamos a un enorme
barranco... a partir de ahí, sólo era cuesta arriba por
las laderas del volcán hasta llegar a sus helada cumbre... momento
ideal para un tesito, y regocijarse con el paisaje, mientras una ligerísima
llovizna pugnaba, infructuosamente, por hacer mella el poncho y abrigo...
Después de poco más de dos horas y media de emociones diversas,
de aire puro, de vastísimos paisajes, de vivir por un instante
la calma, la respiración de la naturaleza, empezamos el lento retorno
a la hacienda...
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"¡Bájate
si puedes!", me dijo el guía... y en efecto, apenas
sí sentía mis piernas... luego un ligero estiramiento,
para "reacomodarme"... una vez que volví a Quito
y empecé a hacer apuntes, empecé a sentir el dolor en
la espalda baja, y así estuve por un par de días después...
para ser la primera vez (que yo recuerde) de montar a caballo, creo
que es toda una experiencia.
Mientras me quitaba los aparejos, un sendo vaso con refrescante limonada
amainó mi "carburador", con lo que me dispuse a ingresar
a la estancia, pues ya era hora de almuerzo... Sopa de quinua,
un espectacular pollo a la miel con ensalada de verduras salteadas,
frutillas con crema, y una amena sobremesa sobre anécdotas
diversas del Cotopaxi...
Me pareció regio que lo que produce la hacienda se consuma
en la misma (leche, cultivos...), ¡nada como la frescura de
lo natural...! |
Satisfecho, nos pusimos
nuevamente en camino, esta vez para conocer "Santa Rita",
"hermana" de "El Porvenir", mientras éramos
seguidos por la misma fría e intermitente llovizna... Por los senderos
que conducen a "Santa Rita" y a "El Porvenir"
pueden practicarse interesantes paseos en bicicleta, o caminatas, de diversa
intensidad y duración...
Y para quienes gustan del vértigo y las emociones fuertes, he aquí
una sorpresa: Imagínese ponerse un arnés, colgarse de un
cable, y hacer un veloz recorrido que varía entre los 100 hasta
500 metros, a unos 50 metros del suelo, pasando por los frondosos árboles,
quebradas y riachuelos, mientras una interesante variedad de aves hacen
de las suyas; también se puede escalar y hacer "rapeling"
por las rocosas y desafiantes paredes verticales de las laderas del río
Pita y aledaños, y su amplísima y vertiginosa cascada;
también hay zonas en las que se puede acampar con total seguridad...
Pero no todo es adrenalina;
también hay quienes se preocupan de la comunidad; es por ello que
Fundación "Páramo" ofrece servicio
social y asistencia a escuelas del sector; es frecuente que oleadas de
extranjeros realicen labores de voluntariado y donaciones para ayudar
a los niños; una labor muy digna de encomio, y de apoyo.
Nuestro regreso fue
por otro camino, donde pude apreciar antiquísimos pasadizos de
lava que formaron caprichosas grietas y quebradas... a éstas alturas,
cierta somnolencia quiso jugarme una pasada, mientras en mi cabeza repasaba
todos y cada uno de los detalles, para poder describirlos, cual fotografía
de palabras...
A pesar de ser del llano, no me afectó mayormente la altura (quizás
sólo cuando volví, un ligerísimo dolor de cabeza
quiso aparecer, nada que una aspirina, una buena ducha tibia y una buena
"plática con la almohada" no puedan solucionar... en
parte...), más bien disfruté todo, pues aunque estuvo algo
nublado, y las frías gotas de la llovizna que nos agarró
mientras escudriñaba la semi-oculta cumbre del Volcán, el
poncho me mantuvo seco y abrigado, así como el té que me
ofrecieron...
En definitiva, una linda experiencia, en una simpática hacienda,
excelente atención, bellísimos parajes... "¡Ecuador
tiene de todo!"...
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Bosque Nublado de Mindo: una de
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